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apeiron

Vidas admirables

Jueves. Canción de la Oreja

Mari (no ha dejado más señas) ha escrito un comentario y nos ha dejado un enlace para que escuchemos (y veamos) esta canción con motivo de uno de los peores días de los últimos años y que nos marcó la vida (prueba de ello es lo que estáis escribiendo en los comentarios). Creo que merece que esté en la portada. Pero ya que estamos, me gustaría que recordáramos también otros días, días negros que no estuvieron tan cerca de nosotros geográficamente. La lista sería muy larga, por eso sólo recordaré Nueva York y Londres, por ejemplo. También Chernobil, como hemos visto. Y, últimamente, a todos aquellos cuyo único error es estar en medio de balas, y bombas, sean palestinos, israelíes, iraquíes... Por toda esa gente que debería seguir aquí. In memoriam.

Sus vidas por las nuestras

Sus vidas por las nuestras

Chernobyl (Ucrania) 1 de la madrugada del 26 de Abril 1986, los habitantes de esta ciudad salen a la calle atraídos por la luminosidad que había a esa hora de la madrugada, y notan como una especie de lluvia. Pero no es agua, el aire es seco y caliente, comienzan a sentir picores en la garganta y les lloran los ojos, pero ellos no saben que eso que notan son millones de partículas subatómicas penetrando en sus tejidos.
 
Mucha gente sale a ver lo que sucede y cuando vuelven a sus casas notan un extraño color amarillento en su piel, es el bronceado nuclear que después les traería la muerte.
El gran complejo nuclear de Chernobyl era el más potente del mundo, el reactor 4 empezó a funcionar a pleno rendimiento en 1983 pero algunas publicaciones ya habían advertido de sus deficiencias. El ingeniero jefe aseguró que la central era totalmente segura y que la posibilidad de fundirse era una entre 10000 años. Hoy solo se puede explorar un 25% de las instalaciones.
 
La nube radiactiva se fue desplazando al este y después al norte, mas tarde se dividió en forma de pequeñas nubes y toda Europa estuvo en su punto de mira. El primero en detectarla, fuera de la Unión Soviética, fue una central de Suecia, donde se percataron de la radiación que existía en el aire. En un primer momento pensaron que el Reino Unido había sufrido un ataque nuclear, 20 minutos más tarde se dan cuenta de que el problema provenía de algún punto de la Unión Soviética y se pusieron en contacto con las autoridades pero estas les contestan con evasivas, decían no saber nada. En aquel momento llevaban 10 horas intentando contener el núcleo del reactor, pero siempre según sus palabras no querían extender el pánico, quizás por eso no evacuaron la ciudad y dejaron que la gente hiciera su vida normal en presencia de la nube atómica, que más tarde les causaría la muerte o mutaciones genéticas de tipo cancerígeno.
 
La KGB impide que los habitantes de la zona contaminada por la radiación sean evacuados para no causar la alerta, nadie podía imaginar que aquello había ocurrido.
 
A partir de la grieta en la cúpula del núcleo del reactor, pasan 30 horas hasta que se decide comenzar a movilizar a la gente y evacuarla.
 
El problema principal del gobierno era la manera de tapar el núcleo del reactor. En un principio se optó por utilizar robots pero no servían porque se inutilizaban al tomar contacto con la radiactividad de la boca del reactor; se hizo imposible taponar la grieta que seguía emitiendo radiación. Los generales de la URRS llegaron a una conclusión rápida: lo único que sobraban eran hombres, y comenzó la era de los robots biológicos.
 
Más de 700.000 personas, obreros, campesinos, militares…comenzaron a ser concentrados para tapar la fisura del reactor. La mayoría no sabían con lo que se iban a encontrar e incluso algunos fueron obligados. Les hablaron de mejorar su nivel de vida si cooperaban. A muchos soldados se les ofreció terminar su servicio militar en Afganistán  a cambio de hacer este trabajo y la mayoría aceptó. Lo que más llamó la atención fueron aquellos voluntarios que sabiendo a lo que se enfrentaban dieron su vida. Llevaban trajes de plomo y máscaras, todo esto pesaba entorno a unos 35 kilos, esa fue su única defensa; actuaron en consecuencia dando siempre un paso hacia delante y los dividieron según diferentes funciones:
 
Desde el exterior la misión era sencilla: correr, siempre sin mirar atrás hacia el mismo techo del reactor, 3 minutos de trabajo, echando escombros sobre el techo del reactor. Antes de salir para hacer el trabajo les explicaban meticulosamente cual era su recorrido y del modo que tenían que ejecutarlo, eran los llamados “liquidadores”. De muchos de ellos no conocemos ni su identidad ni sus historiales médicos ya que han desaparecido, casi todos los liquidadores murieron a los pocos días.
 
Los mineros construyeron una cámara debajo del reactor para rellenarla de hidrógeno líquido y que esta no se derritiera.
 
“Los gatos del tejado” operaban al atardecer al lado del núcleo ardiente; la muerte estaba asegurada para estos operarios. Ellos median la radiación y las recogían, tachando en un mapa las zonas limpiadas, luego otros compañeros hacían el mismo trabajo con los mapas que los anteriores habían elaborado, ninguno de estos operarios sobrevivió.
 
Los elementos desprendidos atacaban al tejido, rompían los núcleos celulares.
Las muertes se produjeron porque la medula ósea dejó de producir células para la sangre, todo el intestino se paralizaba y por último entra en acción el sistema nervioso central, hay hemorragias cerebrales, convulsiones etc.
 
Medio millón de voluntarios construyeron un gran sarcófago en el que millones de partículas radiactivas todavía siguen hoy en día reaccionando y provocando fusiones.
 
Los restos de la radiación emitida a la atmósfera vivirán en aquella zona durante los próximos 24000 años.
 
Sin los liquidadores, Ucrania y Bielorrusia serían hoy zonas muertas y la mitad de Europa tendría que haber sido desplazada a otras zonas.
 
Lo que más nos debería de inquietar son dos hechos: la pasividad y el secretismo con el que actuó el gobierno de la URSS, dejando expuestas a todas aquellas personas a radiaciones 500 veces superiores de las que el cuerpo humano puedo soportar. El otro hecho es la valentía con la que actuaron aquellos muchísimos voluntarios que, aún conociendo que su muerte llegaría después de unos pocos minutos en aquella zona de trabajo, actuaron de forma heroica para evitar una catástrofe mayor.
 
¿Qué podría motivar a aquellas personas a hacer lo que hicieron?, ¿realmente todos seríamos capaces de dar nuestra vida por salvar al resto de la humanidad? Por otro lado, ¿cómo los responsables de un gobierno pueden actuar permitiendo que solo a los tres días de lo ocurrido el país reconociera los hechos a un mundo que ya sufría las consecuencias de la catástrofe?, ¿podremos algún día llegar a comprender las consecuencias de lo ocurrido y reconocer nuestros errores, dejando atrás prejuicios ideológicos?

Pilar Ferrer y Victoria Muñoz (2º Bach. A)