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Filosofía a vuestra medida

¿Hay que intentarlo?

¿Hay que intentarlo?

La ética Epicúrea, desarrollada por Epicuro (341-270 a.C) se basa en un tema que a lo largo de la historia ha preocupado a todas las secciones de la sociedad, la felicidad. Epicuro valoraba como placer fundamental la tranquilidad del alma y la ausencia de dolor: “la ausencia de turbación y de dolor son placeres estables; en cambio, el goce y la alegría resultan placeres en movimiento por su vivacidad”.
Para Epicuro, el criterio de la felicidad es el placer, pero no el placer tal y como lo conocemos hoy en día, si no el placer como ausencia de dolor (ataraxia)
Según él existen tres tipos de deseos:

Naturales y necesario: como serían comer, dormir,…
Naturales y no necesarios: comer platos sabrosos, placeres sexuales,…
No naturales y no necesarios: deseo de riqueza,…

    Para Epicuro, este último grupo puede dar placer si se consigue pero mucho dolor si no se llega a él.
Ante esto se nos plantea la pregunta: ¿Qué es mejor?
¿Resultaría adecuado luchar por un deseo no natural y no necesario que nos lleve a la felicidad, aunque, si no es conseguido nos pueda producir dolor? O por el contrario ¿nos conformamos con aquellos deseos que no nos produzcan dolor si no los conseguimos?
¿No puede ser el dolor por no haberlo intentado, incluso mayor, al dolor por no llegar a conseguirlo?
¿Hay que intentarlo?


El puesto del hombre en el cosmos

El puesto del hombre en el cosmos

Aunque sabemos que es la Tierra la que gira alrededor del Sol, como dijo Copérnico en 1543 y Galileo demostró en 1610, aún seguimos utilizando frases como “El Sol sale por el este” o “El Sol se esconde por el oeste”

 

 Esto pone de manifiesto la influencia de la cultura griega en nuestros días, como la teoría Platónica por la que la Tierra era una esfera que descansaba en el centro del universo y los planetas y estrellas giraban alrededor de ella en círculos celestiales.Esta teoría  sería mejorada por Ptolomeo en el siglo II d.C.

 

Partiendo de esta teoría geocéntrica podemos hablar de la influencia del hombre en el mundo, o mejor dicho, nuestra  percepción acerca de lo que representamos en el Universo; por una parte, para muchos ellos son la mínima parte del mismo ya que menosprecian su existencia y se creen una mota de polvo dentro del mundo; y por otra parte, encontramos a los que se creen el centro del mismo, cuando no es ni tanto ni tan poco, porque aunque no seamos el centro del universo, si tenemos una gran influencia en nuestro planeta.


Patricia Martínez, Lorena Miras y María Jesús Revelles (2º Bach C)