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Algunas imágenes ambiguas

Algunas imágenes ambiguas

Como parece que a algunos os cuesta entrar en el blog y pinchar en el enlace que nos lleva a la página de percepción, he decidido hacerlo más fácil todavía. Aquí os coloco tres imágenes en las que podemos ver más de una figura según nuestro cerebro ordene (perciba) las sensaciones que recibimos a través del ojo. Una ya os la "maldibujé" en clase, pero en las otras tendréis que adivinar qué figuras hay.

 

Los nuevos sacerdotes

Los nuevos sacerdotes

   La Antropología Cultural, que es una ciencia social próxima a la Sociología, aporta ideas interesantes a partir de perspectivas que dan mucho juego para pensar. De esto que digo es una muestra un texto que pertenece a Juan Aranzadi, un antropólogo, alguna de cuyas ideas creo que ya os adelanté en clase.

    Aranzadi parte de la distinción del antropólogo Dan Sperber sobre lo que significan respectivamente creer y saber. Decir “yo sé” significa que comprendo plenamente el significado de lo que sé, lo que quiere decir que puedo ver su consistencia lógica y su adecuación empírica. Mientras que decir “yo creo” significa que lo que afirmo lo afirmo pese a no comprender plenamente su significado, o sea, que no soy capaz de evaluar lógica ni empíricamente el contenido de lo que afirmo.

    Pues bien, Aranzadi escribe que para la mayor parte de nosotros, miembros de las sociedades “modernas”, la mayoría de las proposiciones científicas no son objeto de saber sino de creencia: “Creemos lo que educadores y divulgadores nos dicen que dicen y saben los científicos aunque nosotros mismos no lo sepamos, es decir, confiamos en que los científicos saben lo que dicen saber, lo que nuestros educadores y científicos nos dicen que saben. Casi todos nosotros creemos, por ejemplo, que las proposiciones científicas de los biólogos y los médicos acerca de los procesos de procreación y de herencia genética son verdaderas y tienen fundamento empírico, base experimental, pese a que ni comprendemos bien el significado de esas proposiciones ni somos capaces de evaluarlas lógicamente ni hemos tenido ocasión de constatarlas empíricamente. Es decir, la mayoría de nosotros no podemos decir que sabemos que la procreación humana se produce mediante la fecundación de un óvulo por un espermatozoide o que los hijos heredan una mitad de sus genes de cada uno de sus progenitores: en realidad, no lo sabemos, sino que lo creemos porque confiamos en los biólogos y médicos, en los educadores y divulgadores, en las instituciones científicas, sanitarias y educativas de nuestra sociedad, de modo similar a como los europeos medievales confiaban en el clero y en la Iglesia o los “primitivos” en los antepasados.”

    Así que nosotros nos creíamos a salvo de las creencias (también de los mitos), pero resulta que visto de esta manera no somos tan diferentes a la gente de la Edad Media o a los llamados salvajes o primitivos (hoy llamados miembros de sociedades de cazadores-recolectores) y no dejamos de ser una masa de creyentes de esa nueva religión, cuyos sacerdotes serían los científicos, divulgadores y profesores. Este mismo razonamiento ya se lo había oído a Fernando Delgado, otro profesor de antropología, hace más de diez años, pero aplicado a la Unión Europea y a los burócratas y políticos que le dan forma. Y sigo preguntando: ¿no es hoy más fácil que nos “vendan la moto” en la medida en que nos creemos seres muy racionales y, por supuesto, “a salvo de esas tonterías de las religiones o de las supersticiones, etc”? Por favor, no dudéis en comentar esta idea, si queréis...

 

Porque nosotros definimos el mundo

He pensado que quizá sea importante clarificar el nombre del blog que iniciamos, porque todo lo que hay aquí es un escaparate público o debe serlo y por ello debe también ser comprensible. Para la gente de segundo de bachillerato no es nuevo el  término apeiron, ya que hace algunas semanas hablamos de Anaximandro. Este nuestro Anaximandro decía que todo lo que hay en el Universo, la fisis, tiene que provenir de algo indeterminado (o ilimitado) dado que todo lo que hay en la naturaleza está determinado, son objetos acabados y ninguno de ellos puede ser el origen de todo. Sólo algo indeterminado puede ser el origen de todas las cosas, que están determinadas.

    Pues bien, digamos entonces que he retorcido el sentido de esta palabra griega y que el blog se llama apeiron (a= sin, peros= limite) porque me parece curioso y hasta divertido pensar que este universo nuestro está esperando siempre ser limitado por nuestra mirada humana, tanto personal como colectiva, es decir, todo está esperando definición (algunos dirían también sentido). Porque nosotros delimitamos y construimos el mundo en el proceso de vivir humanamente: todo es nada hasta que hay un ser humano que decide que es algo.

    Así que vamos a pasar de aquellos que nos hablan de que todo está escrito, de que estamos condenados a repetir historias, de que esto no tiene remedio, de que son otros los que tienen el poder y deben cambiar las cosas, y no nosotros... y vamos a cerrar los ojos y pensar por un momento que el apeiron nos rodea esperando ser moldeado, y vamos a creer también que somos demiurgos platónicos con todo un Universo nuevo por hacer... porque somos nosotros los que determinamos el mundo.

Bienvenidos, Bienvenidas

Bienvenidos, Bienvenidas

He inaugurado este blog con la intención de que tengáis un medio más a vuestra disposición para aprender y practicar el arte de pensar. No trato tanto de enseñaros a pensar (ni siquiera tengo yo muy claro, en ocasiones, en qué consiste eso de "pensar bien") como de que penséis, de que practiquéis y descubráis que vuestra mente puede ser la mejor inversión de vuestra vida. Eso sí, hay que confiar en nuestra propia capacidad de pensar: no se trata de ser muy inteligentes para pensar bien, sino de pensar hasta donde podamos.

Por eso iré poniendo a vuestra consideración algunas cuestiones que puedan ser debatidas, o simplemente continuar con las discusiones que puedan suscitarse en clase. A veces, sólo pensarlo ya será algo, aunque lo mejor es, además de pensar, participar con lo que sea, una palabra, una frase o una idea. 

Empezamos, pues.